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domingo, 14 de diciembre de 2008

"LA REVOLUCIÓN CALUMNIADA" los hechos tal como sucedieron (*)


Ya enfrascado en la polémica, y como anticipándose al debate que hoy en día se generara a partir de una errónea posición, Hugo Poppe dejó las cosas en claro en su libro
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La revolución del 25 de Mayo de 1809 fue definitivamente precursora y significó el inicio de los movimientos emancipadores de la dominación española en el continente. La gesta libertaria se reflejó en el movimiento insurreccional; en los panfletos y pasquines tan fuertes como la espada, "hasta conmoverla profundamente y lanzarla a la revolución en conquista de la libertad".En esto coinciden historiadores e investigadores como Gabriel René Moreno, Valentín Abecia, Emilio Fernández, Monseñor de los Santos Taborga, el sacerdote jesuita y profesor valenciano Dr. Estanislao Just Lleó, Josep Barnadas, Osvaldo Cutolo, Jorge Siles Salinas, Ramiro Condarco, José Luis Roca, Charles Arnade, Javier Mendoza, Hugo Poppe Entrambasaguas, para mencionar a algunos de los más renombrados.Lamentablemente, algunos —como lo dejan en claro los paceños Genoveva Loza Balsa y Juan V. Reyes Aramayo en su obra "Los hechos del Primer Grito Libertario en la América Hispana e inicio de la Guerra de la Independencia en el eje La Paz – Cuzco"— pretenden encontrar limitaciones en los hechos históricos del 25 de Mayo de 1809.
LA REVOLUCIÓN CALUMNIADA
Ya enfrascado en la polémica, y como anticipándose a los conflictos que hoy en día también se generaran a partir de la errónea atribución de la primera gesta libertaria por parte de un grupo de paceños, Hugo Poppe Entrambasaguas, en "La Revolución Calumniada", hizo un impecable relato de los hechos, que a continuación resumimos para que se comprenda, a cabalidad, los acontecimientos de aquel entonces:"El 30 de abril de 1825, el Mariscal de Ayacucho ingresó en Chuquisaca. El 25 de mayo de ese año, dispuso que fuesen públicamente conmemorados los sucesos de la Revolución de 1809, y rindió su personal homenaje a los revolucionarios de Charcas, por haber sido los primeros en proclamar la independencia de América (...)
Ese constante tributo del Héroe del la Independencia, del Padre de la Patria, es el veredicto de la historia, definitivo y para siempre, sobre la significación de la Revolución del 25 de Mayo en la emancipación de América.Pero ese acontecimiento excepcional ha sido mal comprendido y peor interpretado. Por eso, se justifica, plenamente, la afirmación de Estanislao Just Lleó, el investigador más autorizado del tema, cuando dice: ‘el movimiento de Charcas ha sido el gran desconocido de la historia hispanoamericana’ (1)
Añadiremos nosotros que ha sido también la ‘Revolución calumniada’ porque se ha pretendido restarle méritos atribuyéndole tibieza, debido a que en su ejecución se invocó el nombre del rey Fernando VII.
Los que razonaron así no tuvieron la capacidad suficiente para comprender el profundo alcance de la hábil estrategia de los revolucionarios de mayo, que al formular lo que René Moreno llama el ‘silogismo altoperuano’, acuñaron la mejor fórmula para unir en un solo frente a la aristocracia peninsular, a su burocracia, al criollaje ávido de figuración y privilegios y a los demás sectores sociales, incluida la gran masa popular conocida como la ‘plebe’.
Todos habían jurado lealtad y vasallaje al monarca reinante. En el momento en que éste perdió el poder a manos de los franceses, había desaparecido todo vínculo con la metrópoli y —sostenían los universitarios— los altoperuanos estaban libres para autogobernarse. Nada los obligaba a obedecer a junta gobernadora alguna. Cualquier pretensión de Joaquina de Borbón no era otra cosa que alta traición a la patria.
Conocido el cautiverio del rey de España, los revolucionarios razonaron pura y simplemente: su juramento fue de fidelidad al rey, no habiendo rey no tenían por qué obedecer a ninguna otra autoridad de la península, mucho menos de Portugal o el Brasil.
Conclusión: razón y derecho para declararse libres, aunque tuvieran que seguir echando vítores al rey o ‘glorias si ya hubiera muerto’. He ahí por qué la Revolución de Mayo se hizo invocando el nombre del monarca depuesto. Como argumentaba un realista, buscando desenmascarar la conducta encubierta de los revolucionarios, ‘concibieron el sistema revolucionario, de que faltando el rey y la España sería heroísmo de lealtad establecer la independencia’ (2).
Las convicciones emancipatorias de los revolucionarios están escritas y han pasado a la historia, cual testimonios eternos de su fundamento independentista y republicano innegable. La sangre vertida la noche de los sucesos del 25 de mayo, tampoco fue tibia. Hirvió generosamente derramada en el asalto al local presidencia de la audiencia, con el fuego del ardor libertario de Chuquisaca.
El movimiento coetáneo del 10 de agosto de 1809 en Quito, donde actuó el universitario chuquisaqueño Manuel Rodríguez de Quiroga, ¿quién podría decir que no fue de libertad por haber invocado el nombre de Fernando VII? Y ¿quién podría dudar del radicalismo de la Revolución del 25 de mayo de 1810, en Buenos Aires, donde actuó Mariano Moreno, brillante universitario de Charcas? (...)
La falta de estudios exhaustivos de las fuentes documentales, los conocimientos parcelados, incompletos, las prevenciones regionalistas y provincianas no han permitido a algunos historiadores la justa valoración de la auténtica Revolución del 25 de mayo de 1809, cuya significación y alcances, según el estado actual de las investigaciones, sólo puede desentrañarse en el gran marco de la totalidad global de la vida y de los acontecimientos revolucionarios de la Audiencia de Charcas, los sucesos del Río de La Plata y la realidad coetánea de la España misma (...)
Si inicialmente la acción revolucionaria duró sólo esos siete meses, su fermento y alcances revivirá constantemente. Esta constancia de su mensaje y de su influencia será, como afirma, con toda justicia, el investigador Just Lleó, la ‘mayor gloria del grupo revolucionario chuquisaqueño... la idea que empezaron el 25 de mayo de 1809 no cesará ya en América hasta su perfecta consecuencia... marcó con su ejemplo al resto del continente el camino a seguir. Este será, pues, el sentido y alcance del 25 de mayo de 1809 en Chuquisaca" (3)
En esa época La Plata tenía una población de unos 18.000 habitantes, de los cuales un cinco por ciento formaba la matrícula universitaria, con algo más de 800 estudiantes y el claustro universitario superaba el número de noventa graduados. Era, indudablemente, una población cosmopolita, con vecinos llegados de todas las latitudes, atraídos por la Universidad de San Francisco Xavier y el prestigio de la Academia Carolina de practicantes juristas (...)
Los anónimos, los panfletos y pasquines fueron el vehículo para la circulación de las ideas de la conspiración. Se cita que esos documentos unas veces eran redactados en la misma Charcas, y otras provenían de afuera... Entre esas manifestaciones tan incisivas, corrosivas, cargadas con la fuerza de la pluma, se destacan principalmente dos, que expresan el contenido ideológico que inspiraba a los revolucionarios de mayo. En la literatura política de la emancipación constituyen, en suma, la cumbre del pensamiento revolucionario.
El primero de ellos es el célebre Diálogo entre Atahuallpa y Fernando VII en los Campos Elíseos. Circuló los días cercanos a la revolución de mayo, adquirió gran popularidad y está calificado como el ‘prototipo’ de la expresión de los intelectuales de la revolución. Su autor, como ahora se sabe sin lugar a dudas, fue Bernardo Monteagudo.
El otro documento es muy conocido en su texto, porque desde 1809 ha tenido más difusión, aunque su origen y autor han permanecido en una especie de penumbra. Hace tiempo que se le reivindica para Chuquisaca, con pruebas documentales concluyentes y definitivas.
Guillermo Francovich (4) sostuvo que Michel, el emisario de Charcas, llevó a La Paz el documento titulado ‘Proclama de la ciudad de La Plata a los valerosos habitantes de La Paz’. Esta Proclama ha adquirido más fama que cualquier otro documento del período emancipatorio y ha sido difundido, desde el último cuarto del pasado siglo, como Proclama de la Junta Tuitiva de La Paz, indebidamente como es sabido.
La verdad, fue el mensaje de Chuquisaca a los valerosos habitantes de La Paz y de todo el Perú. Es el testimonio de la convicción y el fervor con que los revolucionarios de mayo emprendieron en 1809 la lucha por la emancipación. Es la condenación terminante de los padres de la patria a toda forma de despotismo y tiranía. Es el verbo de la revolución de Chuquisaca, expresado con gallardía por un universitario de Charcas con estilo elegante, redacción depurada, llena de armonía, profundidad en las ideas y rotunda claridad en sus propósitos de libertad y de independencia republicana.
Es un bello poema en prosa que, desde sus primeras sílabas, suena como un vibrante himno de combate:
Hasta aquí hemos tolerado una especie de destierro en el seno mismo de nuestra patria... hemos guardado una especie de silencio bastante parecido a la estupidez... ya es tiempo de organizar un sistema nuevo de gobierno, fundado en los intereses de nuestra patria... ya es tiempo en fin de levantar el estandarte de la libertad... Valerosos habitantes de La Paz y de todo el imperio del Perú... no miréis con desdén la felicidad de nuestro suelo, ni perdáis jamás de vista la unión que debe reinar entre todos, para ser en adelante tan felices como tan desgraciados hasta el presente’" (5).
(*) Fuente: " Correo del Sur"
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sábado, 29 de noviembre de 2008

“PROCLAMA DE LA CIUDAD DE LA PLATA A LOS VALEROSOS HABITANTES DE LA CIUDAD DE LA PAZ”


"Hasta aquí hemos tolerado una especie de destierro en el seno de nuestra Patria. Hemos visto con indiferencia por más de tres siglos sometida nuestra primitiva libertad al despotismo y la tiranía de un usurpador injusto que degradándonos de la especie humana, nos ha reputado por salvajes y mirado como esclavos; hemos guardado un silencio bastante análogo a la estupidez que se nos atribuye por el inculto español...

Ya es tiempo, pues, de sacudir yugo de tan funesto a nuestra felicidad, como favorable al orgullo nacional del español; ya es tiempo de organizar un nuevo sistema de gobierno fundado en los intereses de nuestra Patria, altamente deprimida por la política de Madrid; ya es tiempo, en fin, de levantar el estandarte de la libertad en estas desgraciadas colonias, adquiridas sin el menor título y conservadas con la mayor injusticia y tiranía.

Valerosos habitantes de La Paz y de todo el imperio del Perú relevad vuestros proyectos por la ejecución; aprovechaos de las circunstancias en que estamos; no miréis con desdén la felicidad de nuestro suelo; no perdáis jamás de vista la unión que debe reinar en todos para ser en adelante felices como desgraciados hasta el presente"
(Su portador Mariano Michel)
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Fascímil de la Proclama de la ciudad de La Plata a los valerosos habitantes de La Paz, según un testimonio judicial coetáneo. Año 1809 (Archivo General de la Nación Argentina)
FUENTE: Revista Expresión, edición especial Nº11 y 12; junio 2008. Publicación de la Universidad Mayor Real y Pontificia de San Francisco Xavier de Chquisaca (Sucre - Bolivia)
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PROMOTORES DE LA REVOLUCIÓN DEL 25 DE MAYO DE 1809
Iniciadores de la Guerra por la Independencia

Los integrantes de la “Sociedad Secreta”, (también conocida como la “Sociedad de Independientes”):

Dr. Manuel Zudáñez – Regidor anual – Capitán.
Dr. Jaime Zudáñez – Abogado de pobres – Comandante de artillería.
Dr. José Manuel de Lemoine
Dr. José Joaquín de Lemoine – Capitán que custodió a Pizarro – Emisario a Santa Cruz.
Juan Manuel de Lemoine – Repicó las campanas de San Francisco – Capitán de plateros.
Fortunato de Lemoine
Miguel de Monteagudo (padre) – Capitán de Zapateros.
Dr. José Bernardo de Monteagudo (hijo) – Teniente de artillería.
Dr. Mariano Michel (hermano de J. M. Mercado) – Emisario enviado a Cochabamba y luego a La Paz.
Dr. Juan Manuel Mercado S.J. (hermano de M. Michel) – Presbítero – Emisario a La Paz.
Dr. Tomás de Alzérreca (padre de José Benito) – Secretario de la Universidad.
Dr. José Benito Alzérreca (hijo de Tomás) – Emisario a Cochabamba y La Paz.
Crnel. Juan Antonio Álvarez de Arenales – Comandante General de las fuerzas.
José Ramos
Dr. Juan Antonio Paredes – Alcalde Provincial del Cuzco y emisario a esa ciudad y Lima.
Dr. Mariano Moreno y Paso – Revolucionario en La Plata y en Buenos Aires.
Dr. José Antonio Medina S.J. – fundador de la “Sociedad secreta”, confinado en Sicasica por orden del Arzobispo Moxó.
Esteban Agustín Gascón – actuó en La Plata y La Paz, con esa experiencia preparó otro levantamiento en Oruro.
Dr. José Vásquez Ballesteros - Oidor revolucionario y vocero del pueblo, recogió 5 cañones de Pizarro.
Dr. Miguel López Andreu – Fiscal de la Audiencia – Con sus alegatos ayudó a la revolución.
Teodoro Sánchez de Bustamante – Emisario propagandista enviado a Salta.
Dr. Pedro Buenaventura Carrasco – también actuó en Cochabamba, diputado en la Asamblea Constituyente de 1813, luego en Tucumán en 1816, y posteriormente en Buenos Aires en 1819.
Manuel de Entrambasaguas – Habilitador de gastos de guerra – Se empobreció financiando la resistencia después de la Revolución de Mayo.
Domingo de Aníbarro – Regidor anual.
Mariano de Ulloa
Dr. Ángel Mariano Toro – Secretario de Cámara – Al abandonar Nieto la ciudad, se hizo cargo de su administración como revolucionario.
Manuel Eusebio Ruiz – Ayudante de Arenales.
Dr. Vicente Rodríguez Romano – Teniente Asesor del Gobierno e Intendencia de La Plata.
Antonio Anaya (¿Amaya?) y Zárate
Dr. Juan Bautista Villegas
José Patricio Malavia – Notario – Mandó fabricar municiones.
Juan Francisco Gandarias
Luís Manuel de Terrazas
Martín Miranda
Dr. Gabriel Argüelles – Alcalde Provincial.
Dr. Manuel Gil – Rector Interino de la Universidad Mayor Real y Pontificia de San Francisco Xavier – Rector del Colegio San Juan Bautista.
Pedro Reyes
Fermín Cueto – Dio el primer cañonazo.
Justo M. Pulido
Severo Mirabal
Manuel Iturricha
Ángel de Alonso y Gutiérrez – Regidor Alférez Real de la Ciudad.
Francisco de Entrambasaguas – Se inició como revolucionario, luego renegó y se hizo realista.
Juan Andrés Ximénez de León Manco Cápac – clérigo canónigo abrazó la causa de los “independientes”.
Mariano Sánchez de Loría – Emisario a Tucumán.
Eustaquio Moldes – Emisario a Santa Cruz.

Juan Antonio Fernández – Alcalde Provincial de primer voto.
José Sivilat – Tocó a rebato en la Catedral – Francés.
Dr. Pedro Ignacio del Rivero – Síndico y Procurador General del Ayuntamiento.
Mariano Suárez Polanco – Fraile Franciscano – Guerrillero del grupo de Manuel Asencio Padilla.
Dr. Agustín de Ussoz y Mozi – Oidor – Colaboró con la revolución.
Dr. José de la Iglesia – Oidor Decano – Colaboró con la revolución.
Juan Lorenzo Mirabal – Platero.
Dr. José Mariano Serrano – Emisario a Salta.
Dr. Mariano Fariñas
Pedro Antonio Cabezas Vargas – Capitán de la Sala de Armas.
Dr. Marcos Miranda – Francés.
Dr. Manuel Corcuera – Médico – Capitán.
Toribio Salinas – Capitán de Sastres.
Dr. Pedro Carvajal – Capitán de Tejedores.
Diego Ruiz – Capitán de Pintores.
Pedro Tellez
Francisco Cecilio – Capitán de negros, pardos y mulatos.
Lorenzo Saavedra – Comandante de Caballería.
Pedro Dorado – Comandante de Caballería.
José Sotomayor
Mariano Guzmán
Nicolás Larrazabal.
FUENTE: "La Evolución de Bolivia - Chuquisaca insurgente 25 de Mayo de 1809" Porf. Hilarión Acosta Renteria -Cotes Ltda. Imprenta Imag Sucre Bolivia
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“Acta de la Junta General celebrada en la Universidad con motivo de la recepción de pliegos de la Corte del Brasil” – (Conocida como “El Acta de los Doctores”) –

En la ciudad de La Plata a los doce días del mes de enero del presente año de mil ochocientos nueve, juntos y congregados en el General de la Real Universidad, cuarenta y ocho doctores para ver y conferir un pliego dirigido en el correo de diciembre del año pasado al Ilustre Claustro por el Señor Ministro de estado del Señor Príncipe Regente de Portugal, Don Rodrigo Souza Coutinho a nombre de la Señora Doña Carlota Joaquina de Borbón, Princesa del Portugal; precedida licencia verbal que para la celebración de este claustro concedió el Excelentísimo Señor Presidente, Vice Patrono Real , Don Ramón García Pizarro, en vista del oficio que le pasó el señor Rector Interino Don Manuel Gil acompañado de todos los papeles impresos remitidos por el citado Señor Ministro de Estado de Portugal.
Se leyeron con especial atención y cuidado: la reclamación de la Señora Princesa Doña Carlota Joaquina y del Señor Infante don Pedro Carlos de Borbón y Braganza, fechado en el Palacio del Río Janeiro a diecinueve de agosto de mil ochocientos ocho, hecha a Su Alteza Real el Señor Príncipe Regente de Portugal para que se digne atender, proteger y conservar los sagrados derechos que su Augusta Casa tiene a los tronos de las Españas e Indias; la respuesta de Su Alteza Real el Príncipe Regente a la reclamación, con la misma fecha, apoyándola y ofreciendo sostenerla con su alta autoridad; el manifiesto del mismo día diecinueve de agosto dirigido a los fieles vasallos de su Majestad Católica el rey de las Españas e Indias, por la Señora Carlota Joaquina; y del Señor Infante Don Pedro Carlos de veinte de agosto conformándose en todo el relato del manifiesto anterior que adopta en todas sus partes.
Omitida la individual enumeración de los demás papeles relativos a los progresos de las armas españolas contra los esclavos mercenarios del tirano de la Francia, el astuto, pérfido, falaz y ambicioso Napoleón que ya se han difundido por otro conducto con unánime aplauso y regocijo de los fieles americanos. Para resolver lo conveniente en un asunto de tanta importancia y gravedad como el que comprenden dichos papeles capaces de deslumbrar y seducir a quienes no estén penetrados y dotados del ardiente e inalterable amor, fidelidad y obediencia que caracteriza a este cuerpo respecto a su único y legítimo soberano el adorado Fernando Séptimo, se mandó al síndico Procurador General de esta Real Universidad, Doctor Don Manuel Zudáñez, Catedrático de Prima, Propietario de sagrados Cánones, expusiese su dictamen, y meditadas por el claustro las prudentes reflexiones que propuso sobre las intenciones y miras irregulares e injustas de la Corte de Portugal contra los sagrados e inviolables derechos de nuestro Augusto Amo y Señor Natural, Fernando Séptimo, bastantemente declarados por el manifiesto de la Señora Princesa del Brasil, y adoptado su parecer, convinieron uniformes en:
Que esta Real Universidad era un cuerpo literario que no podía ni debía tratar directa o indirectamente como una potencia extranjera como la Corte de Portugal sobre asunto alguno, y mucho menos sobre el derecho de sucesión a la corona de España e Indias: punto que no puede proponerse sin turbar la tranquilidad de los pueblos, y sin notorio agravio a Nuestro Soberano el Señor Don Fernando Séptimo, cuyos preciosos días conservará la divina providencia, restituyéndolo a España para la sólida felicidad de sus tiernos vasallos. Que reconociendo y jurando como único y legítimo monarca de España e Indias, al Señor Fernando Séptimo en virtud de la premeditada, legal y espontánea renuncia que a su favor hizo de la Corona el Señor Don Carlos, cuando en el Real sitio de Aranjuez a diecinueve de marzo del año próximo pasado de ochocientos ocho, lo que ningún español ni americano puede poner en duda sin ser visto y tratado como reo de alta traición.
Admira y asombra que la Señora Princesa del Brasil, Doña Carlota Joaquina en su citado manifiesto dirigido a estas provincias, atribuya renuncia tan solemne y autorizada, a una sublevación o tumulto suscitado en la Corte de Madrid para obligar al Señor Don Carlos Cuarto a abdicar la corona: proposición subversiva que excita la noble indignación y horror de los dignos vasallos de Fernando Séptimo. Que la inicua retención de la sagrada persona de nuestro Augusto Fernando Séptimo en Francia, no impide el que sus vasallos de ambos hemisferios, reconozcan inflexiblemente a su soberana autoridad, adoren su persona, cumplan con la observancia de las leyes, obedezcan a las autoridades, tribunales y jefes respectivos que los gobiernan en paz y quietud, y sobre todo a la junta Central establecida últimamente que manda a nombre de Fernando Séptimo, sin que la América necesite que una potencia extranjera quiera tomar las riendas del Gobierno como la Señora Princesa Doña Carlota Joaquina, a pretexto de considerarse “suficientemente autorizada y obligada a ejercer las veces de su Augusto Padre Don Carlos Cuarto (que ya dejó de ser Rey) y Real Familia de España existentes en Europa”, expresiones de su manifiesto.
Que la Real Universidad faltaría a sus deberes y estrechas obligaciones de fidelidad y vasallaje, si reconociese a la Señora Princesa Doña Carlota Joaquina como depositaria de estos Dominios como se declara en el indicado manifiesto, ejerciendo al mismo tiempo actos positivos de verdadera soberanía, ya cuando anuncia y ofrece despachar a estos Dominios, a su primo el Señor Infante Don Pedro Carlos u otra persona autorizada internamente para arreglar los asuntos del Gobierno: ya cuando manda a los Jefes de América Española que este su manifiesto lo guarden y cumplan, hágase guardar a todos los súbditos de su respectiva jurisdicción, circulándole del modo y forma que hasta aquí han circulado las órdenes de nuestros legítimos reyes.
Finalmente, a pesar de que la Señora Princesa del Brasil se empeña y esmera a degradar a nuestro amable monarca el Señor Don Fernando Séptimo, negándole en todos sus papeles la calidad de Soberano: La Real Universidad de San Francisco Xavier, constantemente lo reconoce por su único Rey y Señor, protestando a presencia del cielo y de la tierra que en defensa y servicio de su joven y tierno padre, tan deseado y digno de mandar como desgraciado, sacrificaría cuanto tiene sin escasear la sangre de sus individuos. En cuya consecuencia reflexionando sobre los perniciosos efectos que puede acarrear en perjuicio de la soberanía y la tranquilidad pública el que circulen los citados papeles de la Señora Princesa del Brasil, acordaron, mandaron y ordenaron que no se conteste a dicha Señora Princesa Doña Carlota Joaquina, que con testimonio de esta acta oficio del señor Ministro de Estado Don Rodrigo de Souza Coutinho, reclamación y manifiestos de la Señora Princesa Doña Carlota Joaquina, y del Señor Infante Don Pedro Carlos, y respuesta del Señor Príncipe Regente de Portugal. Originales se de cuenta al Superior Tribunal de esta Corte, quedando copia de ellos en los libros de la Academia (Carolina), y que con testimonio de la misma acta se pasen oficios al Excelentísimo Señor Presidente Vice Patrono Real, y al Excelentísimo Señor Virrey de estas provincias, suplicando reverentemente a Su Excelencia, no permita en adelante que circulen en estos dominios, papeles de esta clase para los efectos convenientes, y que conste a todas las superioridades, la inviolable fidelidad de este Ilustre Cuerpo.
Y que a fin de no privar a los individuos de este Claustro que han dejado de asistir por sus ocupaciones u otros motivos, el honor de tener parte en la resolución que se ha tomado, se convocase a Claustro Pleno como se citó para el diecinueve del corriente. En el que examinado todo con la misma escrupulosidad, prudencia y reflecciones, se acordaron se lleve a debido efecto lo contenido y resuelto en el Claustro anterior y lo firmaron.
Dr. Manuel Gil – Dr. Juan José Segovia – Matías Terrazas – José Fco. Xavier de Orihuela – Juan de
Dios Balanza – Dr. Pedro José Méndez de la Parra – Dr. Fco. Borja Sarazibar – Dr. Fco. De Paula
Moscoso – Dr. José Rodríguez Miranda – Dr. Pedro de Antezana – Dr. Manuel de Zudáñez
(Ramirez) - Dr.Ventura de Zalinas – Dr. José de Amésaga – Dr. Juan Manuel Acevedo – Dr. Joaquín
Tomás Yañez de Montenegro – Dr. Juan José Nava – Dr. Mariano Farinas y Pacheco – Dr. Mariano
Serrano – Dr. Fco. de Entrambasaguas – Dr. Dionisio de la Borda – Dr. Bernardino Gutiérrez – Dr.
Mariano de Cabrera – Dr. Miguel Ant. de Castro – Dr. Felipe Emguiaguirre – Dr. Ignacio Daza – Dr.
Manuel Sánchez de Velasco – Dr. Mariano de Michel – Dr. Domingo Gusmán – Dr. José Bernardo
Monteagudo – Dr. Anselmo Baldivieso – Dr. Liendo – Dr. Matías Medrano – Dr. Juan Fco. Pérez –
Dr. Valentín Fernández – Dr. Manuel Bautista – Dr. Eustaqui Eguibar – Dr. Manuel de Mirada – Dr.
Santiago Pagan – Dr. Diego Apolinar de Ondarza – Dr. Venancio Retamozo – Dr. Pedro Cavero –
Dr. José Santos Arias – Mariano de Zalamanca – Dr. Mariano Ensaguirre – Dr. Manuel Cañales – Dr.
Eugenio Pacheco – Dr. Malavia – Dr. Mariano Fernandez – Dr. José Andrés Viscarra – Dr. Fco.
Ribas – Dr. José de Haedo – Dr. Rafael de los Santos – Dr. Jayme de Zudáñez (Ramirez) – Dr. Pedro
Navarro – Dr. Esteban Agustín Gascon – Dr. Pedro Ignacio de Ribera – Dr. Manuel Ignacio de Tapia
– Dr. José Antonio Ameller – Dr. José de Ribadavia – Dr. Juan Bta. Pantoja – Dr. Justo Rodriguez -
Dr. Sebastián Balderrama – Dr. Manuel de Antequera – Dr. Hermenegildo Delgado – Dr. Mariano
Risco – Dr. José Mariano Boves – Dr. Pedro Buitrago – Dr. Fernandez – Dr. José Ant. Moscoso –
Dr. Angel Moscoso – Dr- Calderon – Dr. Cristóbal Montero – Dr. Juan Gualberto Franco – Dr. Juan
Luís de Miranda – Dr. José Manuiel Guerra – Dr. José Clemente Barrientos – Dr. Manuel Ramón
Jofré – Dr. Narino de Villanueva – Dr. Domingo de la Cueba – Dr. José Ellaurri – Dr. Gabriel
Cardona – Dr. Manuel Velásquez – Dr. Rafael Cavero – Dr. Baltazar Zeballos – Dr. Roque San Marín
– Dr. Tomás Arzadum – Dr. Eustaquio Mostajo Vedel.
Ante mi, Tomás de Alcérrica, Secretario.
AHN Cons. Leg. 21392.85 f. 76.
(Resumido del libro): El resultado del Claustro Universitario de los día 12 y 19 de enero, fueron
un serio revés para el Presidente de la Audiencia, quien presuroso informó al Virrey sobre el
contenido del “Acta”, no Obstante su virtualidad, Liniers ordenó sea testada “por injustas y graves
consideraciones”; es decir, destruida o borrada de los registros de la Universidad….
Pizarro, procedió a cumplir lo ordenado y mandó al Rector que se trasladase a su casa con el libro
de actas y los pliegos recibidos del Brasil; una vez en su poder procedió a borrar el “Acta”
recomendando al Rector y al Secretario, la mayor reserva a fin de “evitar las bullas y alborotos que
crearía si los doctores del Claustro se enteran del hecho”.
Días antes de la revolución, el 20 de mayo, D. Manuel de Zudáñez Ramirez, conoció lo obrado y
denunció de inmediato la actitud del Presidente; fue un tácito rompimiento de relaciones con el
Claustro, la Universidad, el Tribunal, el Cabildo y la opinión ciudadana, que ya estaba perturbada por
la difusión de una infinidad de manuscritos anónimos, que esparcían comentarios adversos a los
“carlotinos”.

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Los heraldos de la libertad:

(Resumido del libro): Los emisarios enviados por los revolucionarios de La Plata, fueron a: Quito, Lima, Arequipa, Cuzco, Santiago de Chile, Buenos Aires, Montevideo y otras ciudades…
A Cochabamba: Mariano Michel y Tomás Alzérreca.
A La Paz: Gregorio Jiménez y Manuel Toro, cuya misión fue infructuosa, no especifica por qué.
Luego enviaron a Mariano “malaco” Michel, con su hermano, el clérigo Juan Manuel Mercado y el Alcalde Provincial del Cuzco, Antonio Paredes, quien prosiguió al Cuzco con el mismo objetivo. En la ruta a La Paz, de Sicasica lo recogieron al belicioso cura Antonio Medina. Los tres, Michel, Medina y Mercado, fueron los verdaderos artífices de la Revolución de 16 de Julio de 1809.
José Bernardo Monteagudo, a Potosí y Tupiza, con la misión de interceptar el correo realista entre Buenos Aires y Lima, y después proseguir a Buenos Aires.
A Jujuy, Teodoro Sánchez de Bustamante.
A Salta, Mariano Serrano.
Mariano Sánchez de Loría a Tucumán.
Joaquín Lemoine y Eustaquio Moldes a Santa Cruz.
Poco antes se adelantaron a preparar la rebelión bonaerense, Mariano Moreno, Juan José Castelli y Paso.
En La Paz, trabajaron Sagárnaga, de la Cruz Monje, Catacora, Ruiz de Bolaños, Ortiz de Ossa, Calderón y Sanjinés.
En el Perú, Mariano Alejo Álvarez y otros.
FUENTE: "La Evolución de Bolivia - Chuquisaca insurgente 25 de Mayo de 1809" Porf. Hilarión Acosta Renteria -Cotes Ltda. Imprenta Imag Sucre Bolivia
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lunes, 24 de noviembre de 2008

MONTEAGUDO: LA PASION REVOLUCIONARIA

Por Pacho O´Donnell


Bernardo Monteagudo nació en Tucumán en 1789: Su padre fue el capitán de milicias Miguel Monteagudo, y su madre, Catalina Cáceres. En su matrimonio tuvieron once hijos, de los cuales Bernardo fue el único sobreviviente.
Durante su temprana infancia, Monteagudo se crió en una extremada pobreza lo cual no impidió que sus padres, muy -proclives a una educación culta, hicieran todo lo posible por iniciarlo en las letras. Por entonces era frecuente que recorrieran la campiña ciertos maestros ambulantes que por algunas monedas, iniciaban en la lectura de la cartilla y del catecismo a los niños que así lo solicitaban, descargando palmetazos ante olvidos ó irreverencias. El pequeño Bernardo siempre demostró, un acentuado anhelo por aprender, ayudado por una inteligencia precozmente despierta.

La muerte de su madre, cuando el niño había llegado apenas a los trece años, fue trágica no sólo por la pérdida de alguien a quien Bernardo amaba entrañablemente y de quien recibía generosos cuidados, sino también porque la relación con la nueva pareja de su padre se hizo difícil y tensa.
Decidió entonces partir hacia Chuquisaca, a ponerse bajo la tutela de un pariente lejano, el cura Troncoso, alentado por un padre convencido de los talentos de ese hijo que se mostraba más sagaz y más letrado que los demás niños, aun de aquellos cuya posición económica les hacía correr con ventaja.

Con los años se convierte en un hombre esbelto, de porte atlético, casi alto, de perfil clásico, tez algo oscura y mirada incendiada. Su fama de político y escritor se extiende por toda América.
La prisión del Rey Fernando VII de España había provocado graves convulsiones en las colonias hispánicas, que buscaron formas de resolver la acefalia producida por el avance napoleónico.
Entre ellas, la de coronar en el Virreinato del Río de La Plata a la regenta de Portugal, exiliada con toda su corte en el Brasil, la princesa Carlota, hermana del rey de España.
Bernardo Monteagudo, había recibido sus grados el año an­terior a la sublevación y su padrino de tesis había sido el influ­yente oidor Ussoz y Mosi, quien también fue su protector y apañador. A instancias suyas, la Audiencia designa a su protegido, una vez graduado, Defensor de Pobres en lo Civil.

Rápidamente se comprendió con el movimiento libertario, que era la tendencia predominante entre los estudiantes y jó­venes doctores de Chuquisaca, y no le costó sobresalir nítidamente como uno de sus líderes, como antes lo habían sido otros "abajeños"; que así se llamaba a quienes subían desde Buenos Aires: Moreno, Castelli, Paso, Serrano, Oliden, Anchorena.
Otra de las motivaciones habrá sido, sin duda alguna, su humilde origen y el resentimiento en él despertado por sentirse en inferioridad de condiciones ante sus compañeros de más holgada posición económica. También es fácil adivinar que el haber tenido que soportar desde niño el apodo de "mulato" por parte de quienes se permitían desmerecerlo haya ido caldeando en su alma un fuerte deseo de venganza hacia quienes importaron a las Américas un color de piel desconocido.
Tampoco es de despreciar la influencia ideológica que so­bre el pudiesen haber ejercido el presbítero Troncoso y el Oi­dor Ussoz y Mosi, ambos comprometidos con el movimiento revolucionario.

A Monteagudo lo distinguía también una indomable obsesión por la lectura. Cuentan sus condiscípulos que era incansa­ble en su afán de hacerse de libros que eran difíciles de obtener por entonces, y que para ello se ganaba los favores de quienes poseían bibliotecas bien surtidas de los textos más avanzados de la época y censurados en las aulas, como la de Ussoz y Mosi, su padrino.
Su pasión por leer desembocó, inevitablemente, en otra pa­sión: la escritura. Nadie puede robarle a Monteagudo el reconocimiento como la mejor pluma de los primeros años de nuestra independencia, talento que lo hizo insustituible para algunas de las figuras más importantes de la historia americana de entonces: San Martín, O'Higgins y Bolívar. Su estilo literario, brillante para la época, que puede ser todavía leído con placer, despojado en gran medida del amaneramiento y la ar­tificiosidad inevitables por entonces, reconoce la influencia de algunos de los autores más preponderantes de aquellos años, siendo frecuentes las citas de clásicos europeos y filósofos de la antigüedad.

No sorprende entonces que muy precozmente, a los diecinueve años, produjera un manifiesto que circuló profusamente entre los estudiantes y profesores de la Universidad y que sirvió para que el autor del "Diálogo de Atahualpa y Fernando VII" se granjeara una gran popularidad. Según todo parece indicar; el Manifiesto influyó fuertemente en las vocaciones libertarias que más tarde se desencadenaron. Despertaba entonces quien luego sería un gran propagandista revolucionario y uno de los intelectuales de mayor fuste de toda nuestra historia política.
EL HISTORIADOR BOLIVIANO GUILLERMO FRANCOVICH,(*) quien fuera rector de la Universidad de San Francisco Xavier, "El diálogo del Monteagudo circuló en forma anónima convirtiéndose en un poderoso elemento de subversión, ya que interpretaba con admirable acuidad, gran acopio de doctrina y con una ardiente elocuencia la emoción política de esos momentos. El diálogo era de una audacia excepcional. Sólo una personalidad con una ideología perfectamente definida y con una temeridad juvenil podía haberse atrevido a escribirlo. Y esa personalidad no podía ser otra que la de Bernardo Monteagudo. A pesar de no tener sino diecinueve años. Monteagudo, que se había dedicado en la Universidad al estudio del derecho y de la filosofía, era un vigoroso escritor y un ferviente revolucionario. Fue sin duda una de las personalidades más brillantes y más potentes que la Universidad de Chuquisaca daría a la gesta de la Independencia Americana. Dotado de un genio ardiente y apasionado, sediento de vida y de acción, era al mismo tiempo un intelectual y un político".
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El diálogo entre Atahualpa y Fernando VII se sitúa en los Campos Elíseos. Hacía ya trescientos años que el Inca había muerto y se encuentra en la eternidad con el Rey hispánico, de quien entonces, preso, pocas noticias se tenían, y a quien, no ingenuamente, Monteagudo hace aparecer muerto.
El monarca español confiesa, entristecido, su dolor y pena ante la convicción de que España estaba por rendirse a Francia. ­En cuanto Atahualpa lo interroga, recibe por respuesta: "Fernando soy de Borbón, séptimo de aquél nombre, de todos los soberanos el más triste y desgraciado".
El tema del diálogo es definido entonces por el Inca: "Tus desdichas, tierno joven, me lastiman, tanto más cuanto por propia ­experiencia sé que es inmenso el dolor que padeces ya que yo también fui injustamente privado de un cetro y una corona".
Aquí se demuestra la sagacidad del autor al identificar a Fernando VII con Atahualpa, ambos monarcas destituidos y muertos por la arbitraria decisión de un invasor. En el segundo ­caso el villano era Napoleón y sus huestes, pero en el primero era la mismísima España, patria de uno de los interlocu­tores, el Rey Fernando.

Es evidente que Monteagudo se identifica con el Inca y éste expresa los ideales revolucionarios del autor, quien no encubría su intencionalidad propagandística. Fundamenta así el derecho ­legítimo de los americanos a obtener su independencia con argumentos que por entonces eran sumamente originales, atrevidos e inspirados: "¿No es cierto, Fernando, que siendo la base y único firme sus tentáculos de una bien fundada soberanía la libre, espontánea y deliberada voluntad de los pueblos en la cesión de sus derechos, él que atropellando este sagrado principio consiguiese subyugar una Nación y ascender al trono sin haber subido por este sagrado escalón, sería antes que rey un tirano a quien las naciones darán siempre el epíteto y renombre de usurpador? Sin duda que confesarlo debes; porque es el poderoso comprobante de la notoria injusticia del Emperador de los franceses".
Continúa: "Los más de los americanos viven reunidos en sociedad, tienen sus soberanos a quienes obedecen con amor y cumplen con puntualidad sus órdenes y decretos. Saben en fin que estos monarcas descienden igualmente que tú, de infinitos reyes y que bajo de sus dominios disfrutan perfectamente sus vasallos de una paz inalterable. Pero los estúpidos españoles, con sus ojos empañados por el ponzoñoso licor de la ambición, creen coronados de oro y plata o al menos depositados en el interior de aquellas sierras interminables tesoros, como las mismas cabañas de los rústicos e inocentes indianos les parecen repletas de preciosos metales; quieren apoderarse de todo y conseguirlo todo: protestan arruinar aquella desdichada gente y destruir a sus monarcas. Al momento, empiezan a llover por todas partes la desolación, el terror y la muerte".
Acorralado, el Rey argumenta sus derechos sobre las tierras, americanas porque el Papa Alejandro VI las había cedido a sus progenitores, y de ellos las había heredado. Es esta la oportunidad de Monteagudo para desarrollar una jurisprudencia al servicio de la revolución: "Venero al Papa como cabeza universal de la Iglesia , pero no puedo menos que decir que debió ser de una extravagancia muy consumada, cuando cedió y donó tan francamente lo que teniendo propio dueño en ningún caso pudo ser suyo, especialmente cuando Jesucristo, de quien han recibido los Pontífices toda su autoridad, y a quien deben tener por modelo en todas sus operaciones, les dicta qué no tienen potestad alguna sobre los monarcas de la tierra o cuando menos no conviene extraerle cuando dice `mi reino no es di este mundo', cuando a sus apóstoles les enseña y les encarga que veneren a los reyes y paguen su tributo al César".
Para reforzar sus argumentos Atahualpa demuestra una inverosímil pero eficaz sapiencia del latín: "Me admira que Alejandro VI hubiese cometido semejante atentado cuando San Bernardo le dice: 'Quid falcem vestram in alienam extendis? Si apostolis interdicitur dominatus quomodo tu tibi audés usurpare?” y continúa la larga cita...
Monteagudo embarca también a Atahualpa en una disertación sobre los derechos naturales del hombre, reflejando la in fluencia de Rousseau en la profundidad de su pensamiento político:
"El espíritu de la libertad, nacido con el hombre, libre por naturaleza, ha sido señor de sí mismo desde que vio la luz del mundo. Sus fuerzas y derechos en cuanto a ella han sido siempre imprescriptibles; nunca terminables o perecederos. Si obligado siempre a vivir inmerso en sociedad ha hecho el terrible sacrificio de renunciar al derecho de disponer de sus acciones y sujetarse a los preceptos y estatutos de un monarca no ha perdido el derecho de reclamar su primitivo estado; y mucho menos cuando el despotismo lo violente a la coaxión u obligado a obedecer a una autoridad que detesta y a un Señor a quien fundadamente aborrece, porque nunca se le oculta que si le dio jurisdicción sobré sí, y se avino a cumplir sus leyes y a obedecer sus preceptos ha sido precisamente bajo de la tácita y justa condición de que aquel mirara por su felicidad. Por lo consiguiente, en el mismo instante en que un monarca, piloto adormecido en el regazo del ocio, nada mira por el bien de sus vasallos, faltando él a sus deberes, ha roto también los vínculos de sujeción, y dependencia de sus pueblos. Este es el sentir de todo hombre justo y la opinión de los verdaderos sabios".
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Estas ideas, que mantendría Monteagudo a lo largo de su vida, fueron las que dieron consistencia, meses más tarde, a la proclama revolucionaria de mayo en el Río de la Plata. No fue casual que otro discípulo de Chuquisaca, Juan José Castelli, Pera el gran orador del 24 de mayo y que sus argumentaciones estu­vieran teñidas de la misma orientación que en el "Diálogo" expresaba Monteagudo tiempo antes.
El desenlace del "Diálogo" es cuando el rey de España, convencido por los argumentos del Inca Atahualpa, reconoce: "Si aún viviera, yo mismo lo moviera a la libertad e independencia, más bien que a vivir sujetos a una nación extranjera".
Luego, el final a toda orquesta, en un conmovedor alegato del indígena: "Habitantes del Perú: si desnaturalizados e insensibles habéis mirado hasta el día con semblante tranquilo y sereno la desolación e infortunio de vuestra desgraciada patria, despertad ya del penoso letargo en que habéis estado sumergidos. Desaparezca la penosa y funesta noche de la usurpación, y amanezca luminoso y claro el día de la libertad. Quebrantad las terribles cadenas de la esclavitud y empezad a disfrutar de los deliciosos encantos de la independencia. Vuestra causa es justa, equitativos vuestros designios. Reuníos, pues, corred a dar ripio a la grande obra de vivir independientes".
Un magnífico texto, literariamente valioso y políticamente No es de extrañar que el joven Monteagudo conociera prontamente la prisión, identificado ya por los poderosos como un elemento de peligro.
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Proclama de la Ciudad de La Plata a los valerosos habitantes de la
Ciudad de La Paz:
Hasta aquí hemos tolerado una especie de destierro en el seno mismo de nuestra Patria: hemos visto con indiferencia, por más de tres siglos, inmolada a nuestra primitiva libertad al despotismo, y tiranía de un usurpador injusto, que degradándonos a la especie humana, nos ha reputado por salvajes, y mirado como esclavos, hemos guardado un silencio bastante análogo a la estupidez que se nos atribuía por el inculto Español, sufriendo con tranquilidad, que el mérito a los americanos haya sido siempre un presagio cierto de su humillación y ruina: Ya es tiempo, pues, de sacudir yugo tan funesto a nuestra felicidad, como favorable el orgullo Nacional del Español: ya es tiempo de organizar un nuevo sistema de gobierno fundado en los intereses de nuestra Patria, altamente deprimida por la bastarda política de Madrid: ya es tiempo en fin, de levantar el Estandarte de la libertad en estas desgraciadas colonias, adquiridas sin en el menor título y conservadas con la mayor injusticia y tiranía. Valerosos habitantes de la Paz, y de todo el imperio del Perú, revelad nuestros proyectos para la ejecución: aprovechaos de las circunstancias en que estamos: no miréis con desdén la felicidad de nuestro suelo, ni perdáis jamás de vista la unión que debe reinar en todos para ser en adelante tan felices como desgraciados hasta el presente.
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La independencia de ideas de Monteagudo termina por colmar la paciencia del Triunvirato, que se siente minado en su poder por el arraigo que tienen en la opinión pública y decide clausurar la Gaceta de Buenos Aires el 13 de diciembre de 1811. No pasa mucho tiempo antes de que Monteagudo funde su propio periódico, financiado con los escasos recursos de que disponía, cuyo nombre es Mártir o libre, en el que escribirá algunas de sus más recordables y conmovedoras páginas.
Eso sucedía en marzo de 1812, mes de importancia en su vida y en la de toda América pues en. esos mismos días atracaba en Buenos Aires la goleta George Canning, trayendo a bordo algunos militares argentinos. que habían recibido formación en Europa y que venían a sustituir a aquellos tribunos que se habían visto obligados a conducir tropas sin experiencia y sin vocación, como había sido el caso de Castelli y Belgrano. Entre los pasajeros se encontraban San Martín, Alvear, Zapiola, Chilavert y otros.
Fue Monteagudo uno de los principales impulsores de la histórica Asamblea del año XIII, dominada por la Logia , en la que cumplió una tarea destacada, como era de esperar, siendo uno de los redactores, sino el principal, del documento firmado por todos los constituyentes.
La labor de Monteagudo como propagandista continúa siendo obcecadamente intensa: no sólo escribe prácticamente todo el Mártir o Libre sino que también es el nervio del órgano de la "Sociedad Patriótica".
Muere asesinado en Lima el 28 de enero de 1825, donde se encontraba desarrollando una febril actividad cumpliendo con las tareas que se le han encomendado, este hombre del que nadie pudo negar su admirable pasión revolucionaria.

De él, uno de sus biógrafos De Vedia y Mitre dijo: "Cualquiera que analice su personalidad hallará que está fuera de cuestión, aun para sus detractores: su inteligencia superior; su capacidad intelectual; su excepcional cultura para el medio y para la época; su lealtad a la causa revolucionaria; que habiendo sido puesto en prisión innumerables veces desde la iniciación revolucionaria, jamás lo fue por causas delictivas".
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(*) GUILLERMO FRANCOVICH
Nacido en Sucre el 25 de enero de 1901. Hijo de padre europeo, Antonio Francovich de Trieste, y madre boliviana, Carmen Salazar, natural del mismo Departamento de Chuquisaca, tuvo desde niño una educación muy esmerada. Estudió en el Colegio Sagrado Corazón. La formación religiosa que recibió por parte de los sacerdotes jesuitas contribuyó a la formación trascendentalista de su pensamiento.
Estudió derecho en la Universidad de San Francisco Xavier. Probablemente bajo la influencia de Ignacio Prudencio Bustillos se adhirió a los postulados del positivista Augusto Comte. Sin embargo, luego, recurriendo a Pascal y Eucken, transitó por los caminos de "una filosofía de la vida".
Filósofo y dramaturgo boliviano, que desarrolló una amplia actividad política y académica. Fue rector de la Universidad de San Francisco Xavier de su ciudad natal, director del Centro Regional de la UNESCO (La Habana) y miembro de la Academia Boliviana de la Lengua.
En su labor ensayística destaca el intento por sistematizar y divulgar las corrientes de pensamiento boliviano contemporáneo, junto con trabajos dedicados a grandes pensadores y filósofos, como Francis Bacon, Martin Heidegger, Alfred North Whitehead, Blaise Pascal, Claude Lévi-Strauss, entre otros. En su obra filosófica late un espíritu vitalista y existencialista. Analiza las pasiones humanas y ve éstas como la fuerza transformadora de la existencia, aunque pervive en el fondo un sentimiento de desesperanza. Sus obras más representativas son: La filosofía en Bolivia (1945), La filosofía existencialista de Martin Heidegger (1946), El pensamiento boliviano en el siglo XX (1956) y Los mitos profundos de Bolivia (1980).
Alberto Zelada, en su obra sobre la vida de Francovich, dice: "De las ideas expuestas por Francovich una de las que más ha llamado la atención es la denominada por él mismo mística de la tierra, cuyos principales representantes son Franz Tamayo, Jaime Mendoza, Federico Ávila, Fernando Diez de Medina, Humberto Palza y Roberto Prudencio".
Falleció en Rio de Janeiro - Brasil - el año 1990
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viernes, 21 de noviembre de 2008

DON JAIME DE ZUDAÑEZ Y SUS OBRAS

Por: Sergio Villa Urioste (17-XI-2008)

Don Jaime de Zudáñez ¡gracias a Dios que sobrevivió a la revolución charqueña! Hizo una labor gigante el 25 de Mayo de 1809, y luego hizo otros trabajos esplendorosos en Santiago, Buenos Aires y, en Montevideo. Vivirá para siempre en los corazones de cuatro naciones.

En el Boletín de la Sociedad Geográfica Sucre, N°s. 310 y 311, de Agosto de 1931, publicaron un bosquejo escrito por el Dr. Ángel Sandoval, cruceño (una Provincia de ese Departamento lleva su nombre). El bosquejo lleva el título: “Don Jayme Zudáñez”, relación que terminó de escribir el 24 de Mayo del mismo año de su publicación. Fue leído por el autor al día siguiente en un acto conmemorativo a la fecha magna.

A continuación copio algunos pasajes relativos a los trabajos que hizo este gran hombre, don Jaime de Zudáñez:

Página 134: “En 1919, don Felipe Ferreiro, Miembro del Archivo y Museo Histórico Nacional de Montevideo, se dirigió a nuestro Ministro Diplomático en Buenos Aires, doctor Ricardo Mujía, pidiéndole datos sobre el origen y antecedentes de don Jayme de Zudáñez, anteriores al año 1810, agregando que de la estadía de Zudáñez en Chile de 1811 a 1814, la tenía bien documentada, que además conocía su gestión como Juez del Tribunal Supremo de Justicia, como coautor de la constitución del año 12, como Ministro de Relaciones Exteriores y asesor de O’Higgins y Mackenna al firmarse el tratado de Lircay. La estadía en la Argentina del mismo personaje, de 1814 a 1820, que le era totalmente conocida tanto como la de su destacada actuación en el Uruguay de 1820 a 1832.”

Página 135: “Que respecto a los grados Universitarios de don Jayme, por documentos auténticos que consultó el doctor Alvarado, resulta que se graduó de Bachiller en Cánones, el 25 de Mayo de 1789, de doctor en Sagrada Teología el 21 de noviembre de 1791, de que tomó posesión al año siguiente y sus licencias generales el 8 de Mayo de 1798.”

Más adelante: “… habiendo llegado el Mariscal Nieto en diciembre de 1809 (a La Plata, hoy Sucre)………… redujo a prisión en febrero de 1810, á varios Oidores, Cabildantes y a los principales corifeos entre los que se encontraban Jayme y Manuel Zudáñez, condenado el primero al presidio de Casas Matas y fallecido el segundo en las cárceles de Chuquisaca.”

Página 136: Don Jaime de Zudáñez relata sobre su prisión: “… seis años consecutivos de padecimientos desde el 25 de Mayo de 1809 en que fui preso la primera ocasión por el Presidente de Charcas, Pizarro; seis meses de calabozo que me hizo sufrir su sucesor don Vicente Nieto, mi conducción en partida de registro hasta Lima a las órdenes del sanguinario don Agustín Huissi, principiando a convalecer de un tabardillo (sic); tres meses en el Castillo del Callao;………… mi emigración precipitada al reino de Chile…”

“… en los presidios del Perú, de donde éste no volvió más a su patria, yéndose a Chile, en cuyo reino colonial, según los mencionados escritores (Felipe) Ferreiro y (Vicente T.) Caputi, fue objeto de altas distinciones por el gobierno revolucionario de aquel reino, habiéndosele confiado interinamente la Secretaría de Relaciones Exteriores, la del Miembro del Tribunal de Justicia y de Diputado de la Asamblea Constituyente, interviniendo además como asesor de los generales Mackenna y O’Higgins, en las negociaciones con el general español Gainza.”

“Desde Chile (continua el señor Caputi), el doctor Zudáñez se trasladó a Buenos Aires, después del desastre de Rancagua, donde quedó vencida la revolución chilena. En su nueva residencia actuó como asesor del Cabildo y en mayo de 1815, fue designado para integrar la comisión civil instalada a raíz de un conflicto interno, para juzgar a los encausados, no militares, por “delitos contra la patria y la seguridad.”

El doctor Zudáñez se excusó de ese cometido, él siempre fue defensor de pobres y en La Plata nunca fue juez.

Página 137 del mismo Boletín: “En los años 1817 a 1819, representando a Charcas, figuró el doctor Zudáñez en el Congreso G. Constituyente que había iniciado sus funciones en Tucumán. Intervino con acierto en la discusión de numerosos asuntos. Colaboró en la Constitución de las Provincias Unidas, firmada en Buenos Aires el 22 de Abril de 1819.”

Hizo una oposición enérgica contra la formación de una monarquía en las Provincias Unidas. Descontento y molesto por la posibilidad de que se implante ese sistema, se fue al Uruguay.

Página 138: Se estima que llegó al Uruguay muy poco antes de 1824: “En San José el doctor Zudáñez fue designado presidente de la Comisión Legislativa y Constitucional………… recibió el honroso encargo de redactar el proyecto de nuestra Carta Fundamental en la que intervino en forma destacada el personaje que nos ocupamos.”

Página 139: “… los constituyentes con sus respectivas firmas entre las que figura la del doctor Jayme Zudáñez.”

“… fue designado para presidir nuestro Tribunal Superior de Apelaciones…”

Luego del fallecimiento de don Jaime Zudáñez, en el Uruguay:

“… se acordó una pensión vitalicia (a la señora Juana Crespillos, viuda de don Jaime)………… Esa pensión fue patrocinada en el Senado por el doctor don Nicolás de Herrera quien según el acta respectiva, citó algunos de los servicios que había hecho Zudáñez a la causa general de la independencia de América recordando especialmente “que antes de que estallara en el pueblo Argentino el trueno sagrado de los libres, ya el doctor Zudáñez honraba los calabozos de Chayanta y después de Lima con otras víctimas…

Página 140: …del primero y heroico grito de libertad que se dio en Chuquisaca… etc., etc.”

Más adelante: “La misma Constitución Uruguaya, redactada bajo la dirección de Zudáñez, como Presidente de la comisión respectiva, es la prueba más evidente de su talento comprensivo y organizador………… dicha Carta Fundamental, sólo ha sido modificada hace poco, en 1919, habiendo regido cerca de un siglo sin alteración alguna.”

En ese lapso Bolivia reformó 11 constituciones, creo que hacía falta un Zudáñez para que confeccionara la nuestra y no tenga que modificarse con tanta frecuencia.

Si las generaciones que celebramos tan patrióticamente el Centenario de la Revolución inicial del 25 de Mayo de 1809…”


He ahí quien era don Jaime de Zudáñez.
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lunes, 17 de noviembre de 2008

HOMENAJE A JAIME DE ZUDAÑEZ

A CARGO DEL EMBAJADOR DEL URUGUAY EN BOLIVIA
DON DIEGO ZORRILLA DE SAN MARTÍN
He venido a rendir homenaje al Prócer chuquisaqueño, doctor Jaime de Zudáñez, quien tuvo un papel protagónico en la gesta emancipadora y que luego, luchó por la causa de la libertad y de la independencia de Chile, Argentina y Uruguay.

Charcas fue tierra de héroes y la patria fundacional de la libertad americana. La gesta libertadora del 25 de mayo de 1809 nos convoca a bolivianos y a los sudamericanos a participar en las celebraciones que se programan para conmemorar el Bicentenario del Primer Grito Libertario de América.

Y es bueno que lo hagamos. Se trata de un justo y merecido reconocimiento. Tenemos que rescatar del olvido a nuestros héroes que lucharon y dieron sus vidas por la Libertad que hoy gozamos y difundir sus valores y el legado de quienes forjaron nuestras nacionalidades.
Resulta pues, oportuna la celebración de este bicentenario para reivindicar a nuestras ilustres figuras y el real sentido de su lucha. Es importante que la juventud de nuestros pueblos conozca sus valores, sus esfuerzos y los duros sacrificios que hicieron ante la opresión a la que estaban sometidos, para dejarnos el legado más preciado: la LIBERTAD!

Por ello, se comprende la elaboración del Plan Maestro que ha lanzado el Comité Nacional de Conmemoración del Bicentenario del Primer Grito Libertario de América. Compartimos la iniciativa de que Sucre sea considerada como "la ciudad cuna de la libertad americana".
Aquí, se formó aquel grupo de rebeldes integrado por el "Defensor de los Pobres", el doctor Jaime de Zudáñez, Bernardo Monteagudo, "ciudadano de América", que llegó a ser posteriormente Secretario del General San Martín; Mariano Moreno, los hermanos Joaquín y Manuel Lemoine, Mariano Serrano, Manuel Mercado y muchos más, que lograron provocar el descontento popular ante la opresión que eran objeto e inician una campaña de agitación, de desconfianza que culmina con los hechos del 25 de mayo.

No puedo dejar de referirme al hecho de estar en esta "Casa de la Libertad", construida por la Compañía de Jesús, de los padres Jesuitas, para el funcionamiento de la prestigiosa Universidad Mayor y Pontificia de San Francisco Xavier, en el que se graduaron como doctores de Charcas los principales protagonistas de las revoluciones de 1809 y entre ellos, Zudáñez.

En su Sala Mayor se reunió, a partir de julio de 1825, la Asamblea de diputados altoperuanos convocadas por el Mariscal Sucre para deliberar sobre el destino del país y aquí, el 6 de agosto de ese año, se decidió la fundación de la República de Bolivia. Seguramente, Ustedes conocen la trayectoria del Gran Alto Peruano, Jaime de Zudáñez, uno de los Prohombres de nuestra América, nacido en Chuquisaca el 25 de julio de 1772, fervoroso republicano, combatiente de la tiranía y del despotismo al que fueron sometidos nuestros pueblos.

Actuante en los primeros movimientos revolucionarios de la que más tarde sería la República de Bolivia, prestigioso entre las clases humildes, la prisión de Jaime y de si hermano Manuel fue decretada por las autoridades españolas, lo que dio origen al amotinamiento popular del 25 de mayo de 1809.
Encarcelado más tarde se le tuvo diez meses entre rejas hasta su remisión a El Callao, donde siguió en prisión hasta agosto de 1811, en que pudo embarcarse con rumbo al puerto de Valparaíso.

En Chile se puso a servicio de la Patria "en horas de ansiedad y preocupación" para los independentistas. Tuvo una activa participación en la vida pública y redactó en horas aciagas proclamas oficiales llenas de calor patriótico, entre ellas, escribió el "Catecismo Político Cristiano", famoso opúsculo de propaganda en pro de la causa americana.

Actuó en la vida pública chilena colaborando en la redacción del Reglamento Constitucional de 1812. Integró la Junta Gubernamental y en 1813, asumió la Secretaría de Relaciones Exteriores, lanzando en mayo de 1813, el Manifiesto del Gobierno de Chile a las naciones de América y Europa.

Su nobleza de ser y actuar la puso de manifiesto en la carta de renuncia al cargo de Encargado de las Relaciones Exteriores de Chile, en la que expresa:
“Excelentísimo Señor:
A pesar de mi eterna gratitud a las bondades de V. E., y a la generosa acogida que he merecido en el Estado de Chile, después que arrancado de mi patria, y del seno de mi desgraciada familia por los tiranos enemigos implacables de los sagrados derechos de la América, sufrí todas las calamidades que me atrajo su furor: el notorio quebranto de mi salud me inhabilita a desempeñar la Secretaría interina de Relaciones Exteriores, y la Judicatura del Supremo Tribunal Judiciario, a que la magnánima piedad de V. E. se dignó elevarme sin mérito alguno mío. Esta forzosa causa, Señor Excmo. es la única que podía obligarme a hacer dimisión de ambos empleos para recuperar mi salud en el campo, y disponer sucesivamente mi viaje a las Provincias Unidas del Río de Plata, adonde soy llamado. Dígnese V. E. admitirla, sellando con este acto su bondad paternal, y dispensándome la justicia de creerme que en cualquier peligro de la patria seré el primero en sacrificar mi vida por defenderla.
Dios guarde a V. E. muchos años - Santiago, 9 de Octubre de 1813 – Jayme de Zudáñez –“
En 1814, como asesor de los generales O'Higgins y Mackenna, interviene en la negociación del Tratado de Lircay con los jefes militares españoles. Después del desastre de Rancagua del 2 de octubre de 1814, y perdido Chile para los independientes, cruzó la cordillera y se refugió en Buenos Aires, donde en 1815 se le hizo asesor del Cabildo y fue electo diputado por Charcas al Congreso de Tucumán en 1816, que luego pasó a funcionar en la capital porteña.
Al incorporarse al Congreso de Buenos Aires fue elegido vicepresidente del mismo, y allí, defendió con mucho coraje las ideas republicanas en la discusión de la Constitución que fuera sancionada el 22 de abril de 1819 que, por su naturaleza unitaria, provocó el rechazo de las provincias, mientras los caudillos federales se enfrentaron al Directorio de José Rondeau.

En estas circunstancias, Zudáñez participó activamente como franco defensor de la República como sistema político de gobierno frente a las veleidades monarquistas puestas de manifiesto por los congresistas.
Se ha afirmado que Zudáñez, luego de su lúcido y brillante desempeño como representante de Chuquisaca en el Congreso de Buenos Aires "retrajo su vida, limitó sus relaciones con el mundo político, con el que no estaba de acuerdo ni en la desmedida ambición personal, ni en el pensamiento de importar un Rey al Nuevo Mundo, ni en los fines simplemente comerciales de la Revolución, que en Charcas fue verdaderamente idealista, emancipadora y democratizante y por eso él, lo mismo que los demás altoperuanos no intervinieron más en la vida política argentina". Discrepaba con el monarquismo porteño, el personalismo y el mercantilismo de los políticos de Buenos Aires. Frente a esta situación, se abstuvo de intervenir en la vida política argentina y en 1820 "cruza charco" y se instala en Montevideo, en la Banda Oriental, en la Provincia Oriental.
En la Provincia Cisplatina.

Zudáñez llegó en un triste momento para la Provincia Oriental, ya que en 1821, fue anexada al Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarbe y luego, en 1822, al Imperio del Brasil hasta 1827, con el nombre de Provincia Cisplatina.
En abril de 1825, un puñado de patriotas, "Los 33 Orientales" levantaron en armas al pueblo y lo liberaron del dominio extranjero. El 25 de agosto de 1825, se declaró la independencia del país.
Constituida la antigua Banda en República libre y soberana por la Convención de Paz de 1828, el Dr. Zudáñez fue uno de los ocho diputados electos por el departamento de Montevideo para representarlo en la Asamblea General Constituyente que se instaló en la Ciudad de San José el 24 de noviembre de 1828.
Alcanzada la pacificación del territorio y establecido el orden institucional, se hacía necesario dotar a la Nación del documento jurídico que recogiera la voluntad de constituirse como tal, organizar sus autoridades y reconocer los derechos fundamentales de sus ciudadanos y habitantes. Y aquí aparece la preclara figura del jurista y profundo conocedor del derecho constitucional, Dr. Jayme Zudáñez.
Tal era el liderazgo, el prestigio, al talento, la personalidad y la recta forma de actuar de Zudáñez, y su preparación jurídica, que la Asamblea General Constituyente y Legislativa, lo designó Presidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales, encargada de elaborar el proyecto de la Carta Constitucional.
Mientras tanto, el 2 de agosto de 1829, fue designado por la Asamblea Constituyente, Miembro del Tribunal Superior de Apelaciones, mientras continuaba siendo Diputado y tal era su valioso caudal de conocimientos jurídicos y la ecuanimidad de su espíritu que la Asamblea Constituyente le confió la redacción de una pieza que es historia en mi país, que fue El Manifiesto que la Constituyente dirigió al Pueblo Oriental para que comprendiese a cabalidad el significado del Juramento que el Pueblo iba a hacer sobre la Constitución de la nueva República, el 18 de julio de 1830.

Al respecto, nuestro historiador, Ariosto Fernández, escribió lo siguiente: "Por su jerarquía intelectual y prestigio político Jaime Zudáñez recibió el homenaje de honor, justo y merecido de escribir el Manifiesto de la Asamblea General Constituyente y Legislativa a los pueblos que representa. En estas páginas, póstumos testimonios de su exaltado querer político, Jaime Zudáñez nos lega un histórico mandato, henchido de verdades eternas, escritas para todos los tiempos y pueblos".
Se trata de una notable pieza que guarda perfecta armonía ideológica con otros documentos que salieron de la misma pluma.
El 18 de julio de 1830 se juraba la primera Constitución de la República.
Las ceremonias para jurar solemnemente la nueva Constitución, se señalaron para el día 18 de julio de 1830 a los efectos de preparar, de educar a la población acerca de la importancia del texto de la Carta Magna. Voy a leerles, el legado que Zudáñez nos dejó. Se trata de una lección magistral, en la que pone de manifiesto conceptos que, después de 177 años, tienen total vigencia por ser una notable y actual lección del sentido de la vida democracia y del acatamiento a sus principios y a su sistema. "Montevideo, 17 de julio de 1830, es decir en la víspera de la Jura de la Constitución.
Por encima de todo, la libertad hay que preservarla, cuidarla!
"Veinte años de desastres, de vicisitudes y de incertidumbres, nos han dado lección práctica de que el amor a la independencia y a la libertad, el deseo de conseguirla y los sacrificios por obtenerla, no son suficientes para conservar ese bien, tras del cual corremos en vano desde el principio de nuestra gloriosa revolución.

Vosotros fuisteis de los primeros que en la guerra de la independencia disteis pruebas de ese ardor bélico, que inflamó a los amantes de la Patria. Vosotros, abandonando vuestros bienes, vuestras familias, vuestros padres, vuestros hijos, arrostrasteis los peligros y fatigas de una campaña para defender la independencia del suelo en que nacimos y las libertades que nos prometimos, por medio de instituciones nuevas y análogas a nuestras necesidades.

Sin embargo, este deseo que se manifestaba en todos, este fuego sagrado, que os alentaba en las desgracias, os animaba en los desastres, os hacia resignados en las privaciones, y os precitaba a los peligros y a la muerte, lo visteis desvanecer delante de vuestros ojos y cuando habías creído llegar al término de esa carrera de males y desgracias, uno mucho mayor vino a sobrecogeros y haceros caer bajo la dominación de un extranjero.

Vuestro brío nuevamente inflamado por el amor a la libertad, restableciendo los antiguos vínculos con nuestros hermanos, salvo segunda vez, al país y fijo el momento en que por un tratado de paz, entre la República Argentina y el Gobierno del Brasil, debían elevarse el suelo de nuestros hijos al rango de Nación libre e independiente".
El fiel respeto a la Constitución y a la Ley.
Los votos que hicisteis al tomar las armas en 1810, y al empuñarlas de nuevo en 1825, empezaron a cumplirse; pero no se llenaran jamás, si como mostrasteis ardor en la guerra, no lo mostráis igualmente en respetar las autoridades, amar las instituciones y observar invariablemente el pacto constitucional que han sancionado vuestros Representantes.
El respeto a los principios constitucionales.
Nuestro país, careciendo, por su despoblación, de los elementos que tienen en si las Naciones del viejo mundo, llenara tal vez con dificultad las necesidades que demandan los diversos ramos de la administración interior; pero, presentando también menos obstáculos al régimen constitucional, llegara a la prosperidad y grandeza en que hoy se encuentran otras, que poco ha, eran iguales a nosotros, si como ellas somos rígidos observadores de los principios que proclamábamos.

La igualdad ante la ley, la libertad que se opone a esta, y la seguridad de las personas y propiedades son las bases de donde arrancan la felicidad de los ciudadanos, y el engrandecimiento de las Naciones.

Vuestros Representantes conciliando estos principios con el respeto debido a la Religión Santa de nuestros padres, los han consignado en el código fundamental; y las legislaturas siguientes, los desenvolverán por leyes análogas, bastantes a conservarlos.
La búsqueda de la felicidad común.
La forma de Gobierno republicano que ha sido sancionada, no sólo es conforme al espíritu público del país, a los principios proclamados desde la revolución de América, y a los deseos de casi todos sus habitantes; sino también el más propio para alcanzar esa libertad, que tanta sangre y tantos sacrificios cuesta a los Orientales.

Vuestros Representantes, siguiendo ese sentimiento Nacional, han desenvuelto las bases en que se funda, han dividido los poderes, separaron la formación de las leyes, de su ejecución y aplicación, detallaron las atribuciones de cada uno y reconocieron, que residiendo la soberanía radicalmente en la Nación, solo a ella por medio de sus Representantes compete formar las que se han de obedecer, porque solo ella puede imponer preceptos coercitivos de la liberta natural, cuando lo exige la felicidad común, único y exclusivo fin de toda asociación política.
Sin una autoridad encargada de formar las leyes; sin un Gobierno que cuide de cumplirlas; sin jueces que las apliquen en las contiendas particulares; los hombres no reconocerían otro derecho que el del más fuerte, ni éste otra razón de obrar que su utilidad y su capricho: no habría deberes que llenar, ni obligaciones que cumplir; y una confusión perpetua, sería el escollo en que vendrían a estrellarse la libertad individual, la seguridad del ciudadano, y el tranquilo goce de sus propiedades.

Estas verdades que prueban la necesidad de un Gobierno, nos enseña también; que cuando un mandatario, por la fuerza, o el sufrimiento vergonzoso de los pueblos pretende y consigue reunir los diversos poderes que garanticen sus libertades, puede por el mismo hecho mandar lo que quiere, y hacer cumplir lo que manda.

Entonces las leyes dejan de ser la convención que los hombres hacen entre sí, para reglar el ejercicio de sus facultades naturales, determinar la legalidad de sus acciones, y lo que debe prohibirse a cada uno, por el interés de todos: ellas son el precepto de un particular, que somete a los demás; los esclaviza dejándolos dependientes de sus deseos, y convierte la sociedad en un espectáculo de despotismo o de anarquía.
Los derechos del que manda y las obligaciones del que obedece.
De aquí nace la necesidad de estos diversos poderes, conservadores del orden público, y la dificultad de trazar la línea, que detallando sus atribuciones demarque, también, los derechos del que manda y las obligaciones del que obedece.

La Constitución que vais a jurar visada ya por los gobiernos del Brasil y la República Argentina, deja a vuestros Representantes el cuidado de crear los destinos que demande el servicio público; designarles las dotaciones a que sean acreedores, disminuir o aumentar en esta proporción los impuestos que forman la renta de la Nación; sancionar las leyes que reglen el uso de vuestras propiedades, de vuestra libertad y seguridad: proteger el gozo de vuestros derechos, defenderos contra el abuso de la autoridad: velar sobre el cumplimiento de las leyes, y hacer responsable a los infractores.

Estas augustas funciones forman la base de las garantías sociales, y la Nación para conservarlas, solo necesita fijar su elección sobre las personas que ligadas íntimamente a ella, no sean contenidas por el temor, ni la prostitución pro el interés.
Es en precaución de esto que son excluidos de representaros; los dependientes a sueldo del Poder Ejecutivo; porque debiendo aquellos ser guardianes vigilantes del cumplimiento de la ley, y rígidos censores de cualquier abuso, necesitan firmeza para defenderos, y que sus intereses no se opongan a los vuestros.
Los tres poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial.
La Constitución encomienda al Poder Ejecutivo, haceros saber las leyes sancionadas por vuestros Representantes, para que conozcáis los deberes que habéis de llenar, y las cosas que os son prohibidas, le encarga obligarlos a observarlas, porque el orden público no puede sostenerse, sino por el exacta cumplimiento de los deberes recíprocos le permite emplear la fuerza, ya para contener las aspiraciones individuales, ya para defenderos contra todo ataque exterior imprevisto, porque sin esta atribución, vuestra libertad política y civil quedaría a merced del ambicioso que intentase destruirla, pero es obligado a dar cuenta inmediatamente al cuerpo legislativo y a esperar su resolución: porque este poder fuerte, que administra la hacienda Nacional, manda la fuerza armada, distribuye los empleos públicos, y ejerce directamente su influencia sobre los ciudadanos, no daría garantías bastantes, sino hubiese de respetar y reconocer a la ley, como única regla de su conducta.

Velando pues sobre el cumplimiento de esta, responde a las vez las infracciones que cometa; es obligado a dar razón de sus operaciones y de su responsabilidad se extiende, hasta un año después de haber cesado en el mando.
La justicia.
Últimamente el código constitucional establece un Tribunal Supremo de Justicia, que debiendo juzgar las infracciones de su Constitución, y los abusos de autoridad, reprimirá al poderoso por la aplicación de la ley, y desagraviara al miserable; conteniendo así las personas que desempeñan las funciones de los poderes constituidos, los conducirá al solo objetivo de su institución, y los conservara dentro del circulo de sus respectivas atribuciones.
La independencia del Poder Judicial.
Vuestros jueces en el ejercicio de la judicatura, no dependerá ya del que manda, ni las sentencias que pronuncien serán el producto de su influjo; y cuando vuestros legisladores reglamenten el juicio por jurados, que advertiréis sancionado, aparecerá entre vosotros por la primera vez esa institución, cuya utilidad es reconocida por el mundo civilizado.

Entonces vosotros mismos seréis jueces unos de otros, y la libertad civil no dependerá sino de los ciudadanos; la administración de la justicia no continuara circunscripta a un pequeño número de hombres; vosotros determinareis los hechos sobre los cuales el juez ha de aplicar la ley; os será permitido examinarla, y aseguraros que es la misma que establecisteis, y a que voluntariamente os sujetasteis. Los procesos quedaran cubiertos con el velo misterioso de las formas envejecidas, tanto más temibles cuanto están menos al alcance del público.
Los DDHH.
Tales son las bases que deben reglar la marcha de los poderes constitucionales. Vuestros representantes no pueden lisonjearse de una invención; pero si de que regidos por el patriotismo y por el interés público, han seguido las sendas de otros pueblos trillaron para llegar a su prosperidad, y hacer felices a sus conciudadanos. Los derechos sociales del hombre han sido respetados: su igualdad legal, la seguridad personal, la inviolabilidad de las propiedades, el derecho de petición, el libre ejercicio de toda clase de industria, agricultura y comercio; la libertad de prensa; el reposo domestico, el secreto sagrado de las correspondencias epistolares; y finalmente, el pleno gozo de cuanto la ley no prohíbe, han sido consagrados en la Constitución.
No esperéis, sin embargo que ello repare instantáneamente los males que vuestra sociedad ha experimentado; lo que siente generalmente la América, y lo que sufre todo el país al reformar sus instituciones.

No, no es ella solamente la que ha de traernos la tranquilidad interior y la libertad. Es preciso que nosotros le sacrifiquemos las aspiraciones que nos prestemos gustosos, a cumplir la ley, y nos opongamos con firmeza al que intenta traspasarla.

Los medios que nos son permitidos, los encontrareis detallados en la Constitución; si empleamos otros; si nuestras opiniones privadas han de dirigir nuestra conducta, en vano lo juraremos, y en vano esperaremos sus saludables efectos.
Cuidar el interés común.
Ninguna sociedad puede conservar la paz interior sin un centro de autoridad que reuniendo alrededor de si la opinión pública del país, el mismo interés común la haga obedecer y respetar.

Por una fatalidad que ha hecho la desgracia de los pueblos americanos, el espíritu del partido, la ambición, la codicia, la venganza, las pasiones todas, se han reunido para desconocer ese centro común, que decidiendo las cuestiones que motivan las crisis políticas, habría siempre conservado la tranquilidad: la obstinación, y el empeño en vencer, no han conocido limites; así todos los poderes han sido vilipendiados y asaltados a la vez; nada ha sido respetado: y perdido de esta manera el equilibrio que lo sostenían, las reacciones se han sucedido, y la fuerza armada ha decidido la suerte de los pueblos, y ha hecho de ellos el juguete de las pretensiones particulares.

¡Cuántas veces allanó el paso a la primera magistratura, y los que aspiraban a la libertad, los que se llamaban republicanos, han tolerado con vergonzosa paciencia las cadenas que les impuso un ambicioso! Veinte años han transcurrido después de nuestra revolución, y vemos que los nuevos Estados de América no han conseguido aun consolidar su existencia política.
Otro tanto debemos esperar, si la fuerza es alguna vez entre nosotros titulo suficiente para hacer valer pretensiones personales. Si no tenemos bastante virtud para resignarnos, y sujetarlas a los poderes constituidos, nuestra patria no existirá, porque su existencia depende del sacrificio que hacen todos los individuos de una parte de su libertad, el uso de la fuerza lo destruye; esta cimienta la tiranía, o perpetua las reacciones, porque la opresión es el germen que las produce; y cuando un pueblo tiene un sentimiento uniforme por la libertad, es necesario que las instituciones marchen a su nivel.

No será posible alcanzar jamás una perfecta consonancia de ideas y pensamientos, pero los trastornos que resultan de la diversidad de opiniones, cuando no salvan las formas constitucionales, producen un efecto pasajero que no ataca inmediatamente a la sociedad, y las personas quedan garantizadas de sus resultados, por el respeto que aún se conserva a la ley: mas, cuando los poderes que sostienen la máquina política se inutilizan, porque los súbditos intentan oponerse por las vías de hecho, la guerra es el resultado necesario; las leyes quedan olvidadas; las garantías sociales se desprecian: se rompe todo freno; las desgracias se suceden; los ciudadanos se desmoralizan; los partidos desconociendo limites a sus pretensiones, se hacen culpables a la vez, y el país, corriendo de revolución en revolución, se precipita a su rutina.
La exhortación.
Orientales: la experiencia de todos los pueblos os demuestra estas verdades; y el convencimiento mismo que produce debe haceros más recomendable vuestra Constitución. Si os sentís decididos a defenderla; si os resignáis a nivelar por ella vuestras acciones; si deseáis la salud de la patria, juradla; porque es de su exacto cumplimiento que debéis esperar.

Vuestros Representantes se glorían de encontrar en todos sus conciudadanos este noble sentimiento; y el será para ellos la mejor recompensa de la constancia con que defendieron vuestros derechos, y del interés que se toman por vuestra futura felicidad.

Sala de Sesiones de la Asamblea General Constituyente y Legislativa de la República, a 30 de Junio de 1830.”
Declaradas incompatibles por la nueva Carta las funciones legislativas y las judiciales, Zudáñez dejó de asistir a la Asamblea para concentrarse en su labor de Magistrado y en ejercicio de sus altas funciones, falleció en Montevideo el 25 de marzo de 1832 y sus restos descansan en la Catedral Metropolitana de nuestra capital.

Sin lugar a duda, estamos hablando de un Gran Republicano, que fue un Prócer de América, de un ser humano de alta capacidad moral, intelectual y cívica, que puso en práctica de sus profundas convicciones religiosas. ¿Y cómo es posible que un Prohombre de la emancipación chuquisaqueño de origen, promotor del Primer Grito de 1809, no tenga su monumento nada menos que en la Plaza 25 de Mayo de esta ciudad capital?

Y termino, afortunadamente puedo decir, esto no es una apología, ni una frase hecha, que Bolivia y Uruguay, siempre han sostenido una muy buena relación, por muchos motivos que le he indicado, históricos, culturales, nuestra antigua pertenencia al Virreinato del Río de la Plata, y nuestra admiración mediante el desarrollo de los sistemas democráticos, desde la Constitución Uruguaya de 1830, y la presencia de Don Jaime Zudáñez, en esa Constituyente Uruguaya, han tenido un vínculo y una relación muy estrecha y muy cordial. Compartimos esta gloria de la historia boliviana, de la uruguaya y de la del continente americano.

Uruguay en muchas oportunidades, eso tengo que destacarlo, por el gran apego que tiene a su política internacional, a la vigencia del Derecho Internacional, ha apoyado diversas propuestas bolivianas a la solución de su diferendo relativo a la reivindicación marítima.
El Uruguay comprende y apoya el propósito del pueblo y Gobierno de Bolivia por alcanzar una plena reintegración marítima, mediante una solución negociada con la República de Chile y en ese sentido se congratula de las actuales negociaciones en curso entre ambos países.

Hemos tenido una permanente actitud de apoyo en diversos foros internacionales, por una solución pacífica, justa y acordada que dé satisfacción a las Partes involucradas, particularmente el acceso boliviano al mar y contribuya al fortalecimiento del proceso de integración en beneficio de los Estados de la región.
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martes, 11 de noviembre de 2008

25 DE MAYO DE 1809. REVOLUCION Y REVUELTA


Franz Flores Castro

En su libro de memorias titulado Vivir para contarla, Gabriel García Márquez nos relata un episodio de su vida de estudiante: el joven bohemio aprendiz de escritor, está recién llegado a Bogotá para rendir un examen de ingreso al colegio y, como el frío y la incertidumbre de esos días dan para el pesimismo decide irse, junto a los músicos de un buque, a rondar por cantinas de mala muerte en un barrio llamado “de las Cruces”, en las afueras de Bogotá. Como este singular grupo se encontraba sin más dinero ni más riqueza que la de su música, nos dice García Márquez que ellos se pusieron a cantar “al precio de media canción por un vaso de chicha , la bebida bárbara de maíz fermentado que los borrachos exquisitos refinaban con pólvora” (:25 resaltado nuestro).

Por su parte, Estanislao Just Lleo, en su Comienzos de la independencia en el Alto Perú, al narrar los acontecimientos del 25 de mayo de 1809 en La Plata, hoy Sucre, nos señala algo parecido. Dice Just:

“Mientras tanto en la plaza los gritos de traición, y vivas de la república acompañaban los insultos al presidente. La plebe amotinada dirigida por un grupo de criollos entre los que se podían señalar a los Zudañez y Lemoines, Malavía, Monteagudo, Toro, Miranda, Sivilat, etc, etc.. se iba cada vez excitando más, gracias al aguardiente que mezclado con pólvora se les iba repartiendo, y al dinero que recibían de algunos de aquellos dirigentes por dar gritos y vivas a Fernando VII y mueras al gobierno” (:120-121 resaltado nuestro)


Ya sea un recurso literario (la hipérbole), usada por el escritor colombiano o una narración histórica ajustada a la “verdad” de las fuentes como es el caso de Just[1], lo cierto de todo esto es que tanto la chicha como el aguardiente es una bebida consumida por la plebe, aunque con fines diferentes y, naturalmente, en tiempos y escenarios distintos, pero que tienen un ingrediente inverosímil: la pólvora.

En el primer caso, la pólvora refina y mejora el sabor de la bebida y, en el segundo, sirve como catalizador de las inclinaciones violentas de la cholada chuquisaqueña. Los bebedores bogotanos la toman de manera voluntaria y conocedores de las capacidades saborizantes de la pólvora y, en el caso de La Plata, la bebida esta es mezclada por los líderes de la revolución y ofrecida a la plebe para hacer más “explosiva” su revuelta lo que, dicho sea de paso, ciertamente ocurrió, ya que no se puede entender la liberación de Jaime de Zudañez y el encarcelamiento del odiado Presidente Pizarro en el 25 y 26 de noviembre respectivamente, sin la imprescindible participación de la plebe que, como saldo trágico de sus acciones tuvo que enterrar esos días más de treinta muertos.

Siguiendo a Octavio Paz, en uno de sus ensayos de Corriente alterna, diremos que en mayo de 1809 hay dos procesos sociales paralelos: revolución y revuelta. La primera pensada y planificada por la clase media charquina, compuesta por los oidores y abogados de la Universidad San Francisco Xavier, con ideología, objetivos y estrategia clara y, donde la frase, ¡viva Fernando VII! sirve como válido pretexto para el logro de sus ambiciones políticas y, por otra parte, una revuelta, popular y plebeya, que ve en el presidente Pizarro a un traidor y a un abusivo y que, en el caos de los sucesos del 25 de mayo, una ocasión para pisotear y execrar los símbolos de poder que los humilla y posterga. La revolución nos remite a discusiones en la Academia Carolina, nos hace pensar en los textos de Voltaire y Rousseau leídos y discutidos por los universitarios de Charcas, la revuelta, en cambio, nos remite a las alegres cantinas y a los anónimos pasquines. De los primeros el héroe se llama Jaime de Zudañez y de los segundos “Quitacapas”. Para los revolucionarios queda la gloria y la eternidad y para los revoltosos el anonimato y quizá el olvido.
La memoria y la identidad de los pueblos se construyen en base a olvidos, creaciones y fantasías. Mucho de lo escrito a propósito del 25 de mayo es también la historia del olvido de la participación popular, y la magnificación de la participación de la clase media y acomodada en los sucesos. Por ello, el 25 de mayo de 2009, ofrece la insustituible oportunidad para también rendir homenaje a quienes, bebiendo aguardiente con pólvora, participaron en los hechos del 25 de mayo de 1809 y a su manera construyeron la república.


Sucre, 5 de noviembre de 2008.

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[1] Estanislao Just para dar mayor certidumbre a esta afirmaciones, en su nota 64 de su segundo capítulo señala que: “Igualmente testifica una serie de vecinos que el aguardiente que daban estaba mezclado con pólvora, que según se creía excitaba más”.

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sábado, 8 de noviembre de 2008

LOS SUCESOS DEL 25 DE MAYO DE 1809 EN CHUQUISACA (*)

Estanislao Just Lleó S.J.

CHARCAS EN LA PAZ
Los dos movimientos que, con diferencia de pocos meses, estallan en el Alto Perú, tienen, a simple vista, muchos puntos de contacto. Estos no coinciden únicamente en la ideología que mantienen ambos movimientos, sino incluso en la presentación del suceso, explicación de sus móviles, etc. De todo ello, lo que resulta más interesante es la corrección que supone el hecho revolucionario paceño, a la luz de los sucesos de Chuquisaca. Aquí es en donde se ve la influencia y ejemplaridad que tuvo uno en otro.

Que los movimientos tuvieron un mismo acerbo doctrinal no es nada extraño, puesto que los dirigentes de ambos se había formado en la misma Universidad, y juntos –con escasa diferencia de años, e incluso algunos condiscípulos-, habían adquirido los ideas motoras de aquellos, pero lo móviles que explican la actuación revolucionaria, la preparación de la actuación, y sobre todo las correcciones que supone el movimiento paceño sobre el de Chuquisaca sean mera coincidencia,, resulta algo verdaderamente extraño. Solamente la influencia real de un hecho sobre otro puede explicar rectamente la existencia de éste. Charcas es por lo menos la causa ejemplar de los sucesos del julio paceño.

LOS DELEGADOS DE CHUQUISACA
Por dos veces envió la Audiencia gobernadora sus comisionados a La Paz. A una primera actuación, aparentemente al menos, infructuosa, siguió una llena de éxito. Michel, uno de los más exaltados revolucionarios chuquisaqueños será el artífice de ésta.

El 28 de mayo, “muy al alva”, salieron, para cumplir su comisión de delegados de la Rl. Audiencia gobernadora ante las autoridades de La Paz, para las que llevaban sus correspondientes Rls. Provisiones, el vecino Gregorio Ximénez, y el bachiller Manuel Toro y Ocampo. Su estancia en aquella ciudad, no debió durar mucho tiempo, pues antes del mes los encontramos a los dos prestando declaración ante el oidor Ussoz en la sumaria abierta por la Audiencia. A pesar de ello, la tardanza y la falta de noticias despertó recelos en La Plata, por lo que, según nos dice Gómez Soto, se decidieron a enviar a un nuevo comisionado, este fue el abogado Michel, más conocido por el apodo de Malaco, recién llegado de su comisión a Cochabamba.

La actuación de Michel fue muy fructífera. Aunque su actuación en aquella ciudad queda un poco envuelta en la obscuridad y el misterio, a él se le atribuye, por todos los testigos de las diferentes sumarias, el estallido de la revolución en La Paz.
La finalidad que le llevó a allí es evidente para sus contemporáneos. Bien claro lo dice, por ejemplo, el médico Salas: “es notorio en Chuquisaca que Michel fue a aquella Ciudad con el designio de sublevarla”, lo que matiza un poco más el diputado de comercio de La Plata, Fernández Alonso, quien, después de afirmar que había sido Michel, “el origen del aquel alboroto que sucedió en ella”, añade, “o cuando menos ha oído hablar de esto que contribuyó mucho…” Testimonio que refunde el abogado Baez al achacar el alzamiento de La Paz, a la consequencia de la comisión del Turbulento Michel o Malaco…”

La colaboración que encontró entre los paceños, según el historiador boliviano Alcides Arguedas, fue grande, “y no hubo necesidad de desplegar grandes esfuerzos, ni meterse en comprometidas aventuras para ganar la decisión de los paceños, tiempo ha prevenidos contra los peninsulares y anhelosos de verse libres para implantar reformas que estuviesen enarmonía con los adelantos del tiempo”.

Supuesta ésta, sigue diciendo el citado historiador, “únicamente tuvo que presentarse a las juntas secretas que a menudo se celebraban desde que se conocían los conflictos internos y externos de España y explayar allí lo que sus antecesores de la Universidad de San Francisco Xavier de Chuquisaca, desde antes de 1802, venían pregonando, es decir la emancipación” Cosa que comprueba el contemporáneo Matalinares, cuando dice en su declaración ante el intendente de Potosí, que “el dicho Emisario Malaco, antes de presentar en el Gobierno de la Real Provisión en su encargo, se aseguró primero en el Pueblo del buen éxcito de la gestión, y que si el Gobierno no lo apoyaba, le sostendría el mismo Pueblo”.

Sánchez de Velasco, puntualiza un poco más esta actuación de Michel. Parece ser, según el escribano de Cámara de la Audiencia de Charcas, que no solamente se contento el abogado chuquisaqueño con exponer los sucesos de la capital del distrito, sino que a él se debió la formación de la Junta Tuitiva. Estas son las palabras que recoge el escribano en sus Memorias: “Como las ideas del Comisionado que marchó a La Paz por orden de la Audiencia, para dar razón de los sucesos, fuesen enteramente libres, incitó secretamente a la formación de una Junta con el nombre de Tuitiva, y negoció el movimiento que debía realizarse el 16 de julio”.

Para el intendente de Potosí, por su parte, la sublevación de La Paz, se debía a “las resultas de la estada del Comisionado de Charcas en La Paz, un Doctor Michel y por las especies seductivas que dejó sembradas, y Pasquines que estampó…”, afirmación que coincide con las expuestas por algunos prófugos de La Plata, que ya habían prestado declaración ante él.


(*) Just Lleó Estanislao “Comienzo de la Independencia en el Alto Perú: Los sucesos de Chuquisaca, 1809; páginas 518-520; Editorial Judicial Sucre- Bolivia 1994

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COLOQUIO DE HISTORIADORES IBEROAMERICANOS
Importancia Continental de la Insurrección del 25 de mayo de 1809
LAS OCURRENCIAS DE CHUQUISACA: 25 de mayo de 1809 (**)
Estanislao Just Lleó S.J.

Conclusión
Hasta el momento no se ha publicado absolutamente nada que la haya podido hacer variar sustancialmente, ni aparecido documento alguno que haya supuesto modificación alguna. Los que he encontrado en estos años, algunos de los cuales he citado –Olaso y Ballivián que por ejemplo-, no han hecho nada mas que ratificarme en las conclusiones que sacaba en aquel entonces y que creo que puedo ratificar ahora. Decía en aquel entonces:

“Ante nuestros ojos han ido desfilando muchos hombres que se han movido en múltiples situaciones caminando en una dirección. Unos lo han hecho conscientemente; otros al compas de los tiempos y con menor claridad, han seguido la misma ruta; todos con sus quehaceres –con su ser y estar-han protagonizado lo que hemos denominado el “Comienzo de la Independencia en el Alto Perú. Los sucesos de Chuquisaca”; por ello ahora queremos terminar con unas conclusiones que se deducen de todo el camino recorrido. Estas son:

1.- Duración del movimiento
La revolución de Charcas tiene una duración mayor que la que pudiera suponer los sucesos de la noche del 25 de mayo de 1809. Si tan sólo nos fijásemos en éstos, prescindiendo de cuanto supone la formalidad del movimiento, nuestra visión de los hechos sería inexacta. El nuevo Gobierno que surge en la madrugada del día 26, con toda su acción revolucionaria, se extiende hasta la llegada del presidente Nieto -25 de diciembre de ese mismo año-, con lo que nuevamente se vuelve a imponer el régimen anterior.

Durante ese tiempo –siete meses- se verifica la auténtica revolución por medio de la atracción de personas a las ideas revolucionarias independentistas, patrimonio de la activa minoría, libre propaganda de ellas, y fomento de movimientos similares en otros lugares del distrito de la Audiencia. Si el resultado efectivo, la ruptura del vínculo jurídico con la metrópoli, no se consigue, no se debió a la carencia de ideas o móviles emancipadores, sino a la inmadurez de los proyectos y a los obstáculos puestos por los intendentes de las provincias vecinas. Por consiguiente, la extensión en el tiempo del movimiento revolucionario de Chuquisaca llega hasta el 25 de diciembre de 1809. Tiene, pues una duración de siete meses, y todos ellos integran un solo todo.

2.- Sentido del movimiento
Considerando de esta forma el suceso revolucionario, los siete meses integrados en un solo todo, la finalidad del movimiento es claramente independentista.
Este, con su contenido ideológico y su acción libertaria, supone el comienzo de la lucha que llevará al Alto Perú a la consecución de su independencia de la Corona de España.

A partir de este momento, y hasta el reconocimiento jurídico de aquella, el territorio del Alto Perú no volverá a estar plenamente sometido a la monarquía española. Su sometimiento o independencia dependerá ya de los avatares de la guerra general de la independencia americana.
Los sucesos de La Paz de julio de 1809, y los del año siguiente en otros lugares del territorio –Cochabamba, Oruro, Potosí, etc.- solamente adquieren su plena comprensión partiendo de la obra revolucionaria de Charcas. A través de ellos, y mediante la influencia de unos sobre otros, el movimiento chuquisaqueño llega a entroncar con el que surge un año más tarde en la capital del virreinato, Buenos Aires, y con el movimiento general emancipador hispanoamericano.

3.- Casualidad del movimiento
Sobre una base general social que supone el estado indefinido de descontento existente en Charcas –especialmente en una minoría muy determinada-, y teniendo como ocasión operativa la crisis monárquica surgida en la Península a raíz de invasión napoleónica, van a incidir dos corrientes causales, la que supone el contenido doctrinal, ideológico y cultural, y la que marcan los sucesos de otra naciones y ciudades. Todo ello implica la única y gran causa que produce el 25 de mayo de 1809.

De ellas, quizás, la que adquiere una más marcada preponderancia es la formada por el conjunto de doctrinas que suponen las corrientes tradicionales hispánicas. Todo el planteamiento ideológico de la revolución chuquisaqueña se hace partiendo de la base de los más clásicos principios del origen de toda sociedad y de los derechos del rey y del pueblo; especialmente cuando se supone, como punto de partida, la pérdida de España o la desaparición del monarca.

4.- Comienzo del fenómeno independentista hispanoamericano
Supuesto lo que llevamos dicho, y teniendo en cuenta el sentido y realidad del movimiento chuquisaqueño del 25 de mayo de 1809, se debería adelantar en un año la fecha del comienzo de la independencia general hispanoamericana.

El movimiento de Charcas es el comienzo de la lucha por la emancipación de los territorios alto peruanos. El desarrollo de los sucesos está estrechamente vinculado –temporalmente y por su contenido ideológico-, con el movimiento de la Junta de Buenos Aires de 1810. Por lo tanto la fecha de 1809 -25 de mayo- parece más acorde con la realidad de los sucesos.
Por todo ello, podríamos llamar a Charcas, la cuna real de la independencia hispanoamericana

(**) Just Lleó Estanislao: Las ocurrencias de Chuquisaca: 25 de mayo de 1809, Coloquio de historiadores iberoamericanos Organizado por Fundación Cultural “La Plata” página 40-42 Editorial Tupac Katari, Sucre Bolivia 1999.

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